En la senda de los arrendajos (Drago)

Puede que las noticias tengan la textura de la arena seca, del fuego cruzado y de un insondable vacío en el que flotamos sin rumbo, sin asideros, sin que alcancemos a tocar tierra para anclar la raíz de nuestro presente. Pero cuando nos reunimos para caminar juntos, de pronto sentimos la tierra bajo nuestros pies. Y en el pulso de nuestros pasos vibra esa tierra que parecía ausente.

Así sucedió cuando el otoño nos reunió para una cosecha y una siembra que no era para nadie en concreto, pero sí para todos. Se lanzó la voz para crear una matriz de trabajo con la intención de emprender una recuperación forestal que, debido a la dimensión del incendio que asoló el término municipal de Quéntar y a pesar del tiempo transcurrido, es cada vez más necesaria. Somos conscientes de tener poco de partida: un puñado de ganas, un rumbo aún difuso y una convicción que aún debe superar la prueba del tiempo. Pero como todo camino se emprende con un primer paso hemos decidido no detenernos en el umbral de la duda y empezar a dotarnos de herramientas, de orientación técnica y aceptar la evidencia de que sólo caminando encontraremos las respuestas. Así hemos empezado por buscar inspiración y aprendizaje en experiencias cercanas (Güéjar, Cenes, Huétor Vega) y en otras más lejanas, tratando de identificar sendas abiertas, en muchos casos por solitarios pioneros y pioneras y buscando clonar iniciativas que de alguna manera han demostrado funcionar.

 

El 17 de Diciembre, después de varias salidas, tanto en grupo como individuales, para cosechar semillas de arbustos y bellotas, decidimos convocar para sembrar en el barranco del molino (uno de los lugares afectados por uno de los incendios del año pasado) y en el llano de los pinos, no muy lejos del cortijo aguas blancas.

Decidimos hacerlo siguiendo la propuesta de Masanobu Fukuoka de bombas de semillas elaboradas con arcilla, sembrando aparte las bellotas. Pero la sorpresa fue sobre todo el recibir un apoyo inesperado, desde Quéntar y desde Granada. No estábamos solas. La propuesta nos ponía en resonancia y nos agrupaba para empezar a sentir el calor del grupo. Y a partir de ahí emprendemos el vuelo.

 

Una salida por supuesto no nos lleva lejos, pero sí nos da el jalón del inicio.  Ahora se trata de no dejar caer el testigo, para seguir escribiendo el relato en el tiempo. De momento seguimos cosechando y nos quedan aún dos salidas para sembrar este invierno (28 de Enero y 25 de Febrero). Hemos empezado a preparar un vivero en Quéntar que nos mantendrá en acción durante la primavera y el verano, preparando una intervención más amplia en el próximo otoño. Y también nos hemos repartido el trabajo de investigar y cosechar en el campo de la información, sobre el gran incendio que cambió para siempre el paisaje de la sierra, sobre las intervenciones de reforestación que se hicieron posteriormente y sobre otras iniciativas de reforestación comunitaria como la que pretendemos tejer aquí, de manera duradera.

Se ha constituido en Quéntar una escuela de arrendajos. Y el plazo de inscripción está abierto.

Drago

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