El Cielo de Verano (por Juan Carlos Muñoz)

Ya es tiempo de verano; es cierto que las noches son más cortas pero ofrecen, a cambio, la templanza del ambiente; es el tiempo propicio para disfrutar de la noche estrellada y de sus incontables maravillas.

Si hay un objeto que destaca en las noches estivales ése es la Vía Láctea que desde temprano se enseñorea de todo el cielo, al que atraviesa de parte a parte. Durante milenios el misterio de cuál era la naturaleza de las estrellas las elevó a la categoría de espíritus, ajenos a toda terrenalidad, incluso a la de dioses. Cuánto más la Vía Láctea, el camino lechoso, la nube de polvo de estrellas que reverbera en el cielo oscuro con la vehemencia de nuestros cirros pero que, al contrario que éstos, aupados a nuestra atmósfera, se halla inconcebiblemente lejos.

Prueba de lo osada que es la ignorancia la tenemos en el relato de los hechos mitológicos. La leyenda asegura que la Vía Láctea se generó el día en que la antipática diosa Hera, la esposa del omnipotente Zeus, se vio en la desagradable tesitura de dar el pecho al pequeño Hércules, hijo de su adorado esposo, pero no de ella, sino de la mortal Alcmena, bella ciudadana micénica a la que Zeus poseyó al adquirir la forma de su marido, Anfitrión, quien se hallaba fuera. Zeus tenía para este retoño suyo grandes planes de modo que ordenó a su esposa que le diera el pecho. El bebé, ya increíblemente fuerte, tomó la divinal teta y sospechando el recelo de la matrona, quien, por cierto, ya quiso acabar con él antes de que naciera, furioso, la mordió. La diosa, dolida, lo apartó con violencia de sí y un chorro de leche cayó al inframundo desde el Olimpo y se desparramó por la bóveda celeste.

El mito se recuerda contemporáneamente cuando se dio el nombre de galaxias a los universos-islas que los astrónomos ya tenían plenamente identificados a principios del siglo XX. Cada uno de ellos constituía en sí mismo una vía láctea con miríadas y miríadas de estrellas, de ahí el nombre, galaxia, del griego Γαλαξίας, galaktòs, que significa ‘leche’ o, más propiamente, ‘círculo de leche’.

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1. Fotografía parcial del Camino de Santiago. Fuente: xombit.com.

El Camino de Santiago, nombre más apropiado en nuestro territorio para designar a la Vía Láctea, es una ancha banda franqueada de estrellas de todos los brillos posibles, desde varias de primera magnitud, entre las más brillantes del cielo, hasta el incontable hormigueo de las de sexta magnitud, muy numerosas y que se encuentran en el límite de visibilidad del ojo humano. Destacan particularmente tres, Vega, Deneb y Altair, dispuestas en triángulo marcadamente isósceles muy fácil de reconocer en la vastetud del firmamento. Es lo que se da en llamar el Triángulo Estival, bello asterismo enmarcado entre las nubes de estrellas de nuestra galaxia.

Altair marca el vértice agudo del triángulo y apunta certeramente al sur. Es la 12ª estrella más luminosa de todo el cielo; detrás de su parpadeante puntito se esconde un astro poco más grande, poco más masivo y poco más luminoso que el Sol del que se sitúa a 16.7 años-luz. De ocupar el lugar de nuestra estrella si quisiéramos broncearnos en la playa sin riesgo de quemarnos necesitaríamos un factor de protección 500 ó más. Altair se ubica en el centro de la célebre constelación del Águila y su nombre deriva de la expresión árabe elnars-el-tair, que se traduce por ‘el águila rampante’.

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El Triángulo Estival con las estrellas Vega y Altair a uno y otro lado de la Vía Láctea. Fuente: wikipedia.org/wiki/Archivo:Triángulo_estival_asterísmo.jpg.

Vega, en el vértice noroccidental, es la 5ª estrella más brillante del firmamento y la 2ª al norte del ecuador celeste. De vivísimo color blanquiazul, Vega se halla a 25.3 años-luz de nosotros (es decir, la luz que vemos esta noche de ella salió de allí en la primavera de 1993) y tiene un poder luminoso 37 veces superior al del Sol respecto al cuál es 7 veces más voluminoso. Vega posee a su alrededor un inmenso disco de polvo y de gas descubierto a mediados de los años ochenta. Vega es la estrella Alfa de la constelación de la Lira, pequeño asterismo orillado a la derecha de la Vía Láctea. El nombre de Vega

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Tamaño comparado de nuestro Sol, en amarillo, a la derecha, y Deneb, en azul, a la izquierda. Fuente: Wikipedia (Deneb)

procede del árabe wāqi‘ y significa ‘cayendo’, posiblemente en alusión a la inmediata figura del Águila.

 

En cuanto a Deneb, ocupa el vértice nororiental del Triángulo Estival y marca la cola de la constelación del Cisne: Su nombre significa precisamente ‘la cola del ave’, una contracción de la expresión árabe dhanab ad-dajājah . Esta sí es una estrella magnífica. Los cálculos más recientes sitúan a Deneb a nada menos que a 1425 años-luz de nosotros. Quiere esto decir que se trata de una supergigante azul con un diámetro 210 veces superior al del Sol y una capacidad energética 54.000 veces más potente. Deneb emite en un día la misma cantidad de energía que el Sol en 140 años. Desde nuestro planeta Deneb es la estrella 19ª por orden de brillo. Pero es que está realmente lejos; la luz que vemos de ella se emitió el año 593 de nuestra era, ni siquiera el profeta Mahoma había emprendido la crucial Hégira.

 

Un paseo a través de unos prismáticos o con cualquier telescopio, por pequeño que sea, por la Vía Láctea, nos deja sin aliento ante la visión de sus campos de innumerables y centelleantes estrellas. Toda una maravilla.

No quería dejar estos comentarios sobre la Vía Láctea sin citar una sabrosa leyenda japonesa que permanece vigente en nuestros días. Se trata de la historia de Orihime y de Hikoboshi; Orihime, ella, era una joven y hacendosa tejedora que servía a su padre y está encarnada en la estrella Vega; él, Hikoboshi, era un zagal que pastoreaba bueyes en las montañas y está representado por Altair. Y claro, se vieron y se enamoraron y se casaron felizmente. Consumado el matrimonio los jóvenes abandonaron sus respectivos quehaceres, Orihime dejó de tejer y los bueyes de Hikoboshi se desperdigaron abandonados a su suerte. El dios del cielo los castigó convirtiéndolos en estrellas separadas por el Río del Cielo, Amanogawa. Pero fue benévolo y les permitió reunirse un día al año, el séptimo día del séptimo mes. Ese día una bandada de pájaros sirve de puente para que Orihime,Vega, y Hikoboshi, Altair, puedan reencontrarse. Es por ese motivo por el que todavía hoy se celebra el Tanabata, un festival en el que se cuelgan ramas de bambú y tiras de papel de colores en las que escriben poemas dedicados a los amantes del cielo.

El cielo de verano está representado por bellas y antiquísimas constelaciones asaltadas de rutilantes luceros. La Lira, donde se sitúa la luminosa Vega, simboliza no tanto al instrumento musical como a su inventor, Orfeo, legendario personaje cuya sapiencia sirvió de modelo a pensadores de carne y hueso como Pitágoras o Platón. El Águila representa al mismo dios Zeus en el momento de precipitarse a la tierra para raptar al bello y joven Ganímedes al que hizo copero del Olimpo. A orillas de la Vía Láctea se descubre la pequeña y recoleta constelación del Delfín que recuerda la historia del poeta y cantante Arión de Lesbos quien, en un viaje por mar, fue asaltado y arrojado al agua por piratas. Al oir su canto de angustia un delfín acudió en su ayuda y dejando que lo cabalgara lo llevó sano y salvo a las costas de Laconia a donde llegó antes que sus verdugos; ya en puerto, éstos no tuvieron más remedio que reconocer su culpa y aceptar su castigo.

La constelación del Delfín es una de las 48 del catálogo de Tolomeo, en el siglo I de nuestra era. Una curiosidad más. Los nombres de dos de sus estrellas, que aparecen justamente en la figura anexa en amarillo: Sualocin y Rotanev.  Estos nombres aparecían en las cartas celestes del prestigioso astrónomo Giusseppe Piazzi, director del Observatorio de Palermo en el cambio de los siglos XVIII y XIX. El viejo Piazzi transcribió los nombres sin preguntarse de donde habían salido y desde entonces se han seguido usando. Sualocin no es sino Nicolaus al revés; del mismo modo Rotanev se lee Venator. Nicolaus Venator es el nombre latinizado de Niccolò Cacciatore, ayudante de Piazzi y astrónomo de muy discreto prestigio; el joven Cacciatore hizo esto casi como una broma y, miren por dónde, coló y hoy es de las poquísimas personas en la historia que ha logrado poner su nombre a una estrella, uno no, dos.

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La pequeña constelación del Delfín con sus dos estrellas principales Alfa y Beta Delphinus, Sualocin y Rotanev, respectivamente. Fuente: esplaobs.blogspot.com.

Otra constelación significativa del verano es la del Escorpión que, por cierto, es una de las poquísimas constelaciones que se parecen a aquello a lo que representan. Gran parte de la figura del Escorpión se extiende hacia el sur con gran porte y la zona de la cola con el temible aguijón se proyecta entre los campos de estrellas más densos de la Vía Láctea. En medio del cuerpo del arácnido celeste se ubica una estrella anaranjada-rojiza de primera magnitud que no es sino Antares, Alfa Scorpii, cuyo nombre alude directamente a su color pues significa el rival de Marte, contracción de ‘anti-Ares’, pues el rojo de la sangre identifica al dios de la Guerra.

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Las constelaciones zodiacales del Escorpiópn y de Sagitario se encuentran atravesadas por la Vía Láctea, lo que les confiere una particular belleza. La eclíptica, el recorrido anual del sol por el cielo, pasa por el norte de la región que se muestra en la fotografía, es decir, en la parte superior. Fuente: spacewatch-cmc.blogspot.com.

La estrella Antares es una supergigante roja situada a más de 550 años-luz de nosotros, 15 veces más masiva que el Sol y miles de veces más voluminosa; se trata de una estrella que está en los estadios finales de su vida y que probablemente explote como supernova en unos pocos millones de años, un suspiro para las edades cósmicas. Piénsese que cuando la vemos en estas noches estamos contemplando la luz que salió de la estrella cuando aquí era el año 1468 y el que habría de investirse como descubridor del Nuevo Mundo era todavía un jovencito de 17 años. Desde tan lejos, la extinción como supernova de Antares sería un espectáculo maravilloso desde la Tierra y, por qué no decirlo, ligeramente peligroso. En otra ocasión hablaremos del inconmensurable poder energético de las supernovas; baste decir que la expresión numérica de la energía radiada en ergios requiere de 51 cifras. Inimaginable.

La constelación del Escorpión encierra multitud de objetos a cuál más hermoso (el Cúmulo de Tolomeo, el de la Mariposa, la doble Acrab, dos globulares de Messier…) pero es que, junto a ella, a su oriente, la de Sagitario no le va a la zaga y si es cierto que Sagitario no tiene estrellas de primera magnitud también lo es que posee el célebre asterismo conocido como la Tetera, nebulosas como la Laguna, Trífida o la Herradura, multitud de cúmulos estelares y globulares de notable brillo y, sobre todo, el centro de nuestra Galaxia, escondido entre el abundante polvo y el gas de la zona central de la Vía Láctea: Dicho descomunal centro, que se sabe, casi con toda certeza, que posee un masivo agujero negro.

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La constelación de Sagitario con los nombres de algunas de sus estrellas. Fuente: totastronomia.com

Cabe destacar que nos faltaría tiempo y espacio si sólo hiciéramos una sucinta relación de los objetos hermosos que guardan estos espacios inmersos o aledaños a la Vía Láctea. Y que otro tanto nos ocurriría si intentásemos describir las bellezas de la constelación del Cisne, la del Águila, el Dragón, al norte, enroscado entre las dos Osas, la gigantesca de Hércules, el Escudo, la Flecha, la Zorra Menor, el Delfín o Capricornio. Pero bueno será pasar a referir las singularidades del presente verano de 2018.

Solsticio

Este año el Sol alcanza el punto más al norte de su órbita el 21 de junio a las 12:07:19. ¿Por qué el solsticio se da con tanta precisión? Pues porque el solsticio es realmente un punto, un sólo punto que se puede establecer en el continuo del tiempo. El solsticio es el momento en el que el ecuador de nuestra estrella marca el punto más al norte del ecuador celeste. La estación durará 93 días, 15 horas y 47 minutos, terminando la madrugada del 23 de septiembre.

También en estas fechas es cuando la Tierra está más alejada del Sol. El afelio, nombre que recibe el punto más alejado al Sol de la órbita terrestre, se producirá el 4 de julio a las 19:46 hora local, cuando la Tierra esté a 152,2 millones de kilómetros. Menos mal para nosotros aquí, en el hemisferio norte. En el hemisferio sur, por contra, les coincide el afelio con el invierno y, por la misma razón, el perihelio con el verano. En los primeros días de enero es cuando nuestro planeta está más cerca de su estrella, coincidiendo con el verano austral…

La Luna

Los novilunios sucederán los días 13 de julio, 11 de agosto y 9 de septiembre. Los días alrededor de la Luna Nueva son los más indicados para disfrutar de la contemplación del cielo estrellado y para admirar el camino de estrellas de la Vía Láctea.

Los plenilunios caen el 28 de junio, el 27 de julio y el 26 de agosto. Estos no son días propicios para ver las estrellas pero a cambio podemos pasear por la montaña a la luz de la luna o disfrutar de su salida a pie de playa y maravillarnos con el notable efecto de la ilusión lunar, que hoy pomposamente se ha dado en llamar superluna.

Los planetas

Este verano vamos a tener la compañía de Venus en el cielo apenas caiga la noche pues se encuentra en estas fechas a oriente del Sol y es un astro vespertino, el Lucero de la Tarde. No será hasta el 17 de agosto que el brillante planeta alcance su máxima separación solar, 46º, de manera que tenemos Venus para todo el verano. Ronda ahora Venus el cuarto menguante; sí, en efecto, Venus (y Mercurio) tiene fases como la Luna.

El esquivo planeta Mercurio tiene una buena presentación en la segunda y tercera semanas de julio pues va a alejarse hasta 27º del Sol el día 12 de ese mes. Será posible distinguirlo entonces tras la puesta de Sol muy por debajo del Lucero de la Tarde como una estrella parpadeante de primera magnitud entre los resplandores del crepúsculo.

Con Marte también estamos de enhorabuena pues va a ser un astro destacado durante las noches de este verano. El planeta rojo tiene su oposición el 27 de julio cuando se sitúe a 57.710.000 kilómetros de la Tierra. Va a ser una muy buena presentación. Marte alcanzará magnitud -2.8 y será un astro realmente brillante, con su característica luz rojiza, en la zona occidental de Capricornio, en la orilla izquierda de la Vía Láctea.

Júpiter ya pasó por su oposición y cada día su ángulo con el Sol se va cerrando poco a poco. No obstante durante todo el verano será un astro destacado nada más hacerse de noche brillando con su pálida luz blancuzca en la constelación de la Balanza, a la derecha del manto lechoso de la Vía Láctea.

En la constelación de Sagitario e inmerso en la Vía Láctea tendremos este año al planeta Saturno, un astro amarillo pálido de primera magnitud en un fondo rico de estrellas, casi como si el resplandor nebuloso del Camino de Santiago emanara desde su luz. El bello planeta anillado, siempre admirable, tendrá el 9 de julio su mínima distancia a la Tierra (su oposición), cuando se sitúe de ella a 1351 millones de kilómetros. ¡A la vuelta de la esquina!

Aprovecho para recordar que nuestro flamante tren AVE a 300 km/h, sin parar ni un instante, tardaría 56 años y 337 días en llegar desde nuestro pueblo al Sol. Y como Saturno está 9 veces más lejos el viaje de la Tierra hasta allí nos llevaría 514 años. Prueba del inmenso vacío del espacio.

En cuanto a Urano y Neptuno se hallan en Piscis y en Acuario respectivamente. Neptuno es más madrugador. Y para ambos, puesto que no es posible localizarlos a simple vista, me remito a las efemérides astronómicas de cualquier página dedicada a estos temas para obtener su posición e intentar verlos con ayuda de unos prismáticos o un telescopio pequeño.

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Vieja ilustración del cometa Giacobini.Zinner, un astro que podrá ser visto con prismáticos este verano. Fuente: wycombeastro.org.

Cometas

Este verano hay un cometa que puede resultar delicioso precisamente para binoculares y telescopios modestos, el Giacobinmi-Zinner, el cometa n.º 21 entre los cometas periódicos. Estará muy bien posicionado este mes de agosto para ser contemplado desde nuestro hemisferio, antes de alcanzar sus condiciones más favorables allá por el 10 de septiembre cuando simultáneamente se sitúe a la mínima distancia del Sol y a la mínima distancia de la Tierra. El cometa 21/P se descubrió el 20 de diciembre del año 1900. Tarda 6.55 años en dar una vuelta al Sol.

Y sobre el cometa C/2017 S3 (PANSTARRS), podría llegar a ser visible a simple vista pero en unas condiciones muy difíciles por su proximidad aparente al Sol. Esto sería durante la primera semana de agosto. Este objeto celeste pasará a sólo 31 millones de kilómetros de la Tierra.

Perseidas

Fieles a su cita anual, en agosto tenemos las célebres Lágrimas de San Lorenzo. Aconsejo este año que muestren interés por verlas porque las fechas del máximo van a coincidir con las de la luna nueva, nuestro satélite no va a ser impedimento para disfrutar de un cielo oscuro desde el que contar estrellas fugaces y pedir deseos. Las perseidas tienen la fortuna de desprenderse del cielo en las fechas en las que la Vía Láctea alcanza su plenitud por lo que es frecuente que la cola chispeante de una buena estrella fugaz se solape con la sensación de polvillo que baña el Camino de Santiago.

Recuerdo que las perseidas deben su nombre a que el punto del cielo del que parecen proceder está en la constelación de Perseo. Que son partículas dejadas por un cometa en su circunvolución alrededor del Sol (en este caso el cometa Swift-Tuttle, descubierto el verano del año 1862, un cometa que tarda 133,28 años en completar una órbita) y que chocan con la atmósfera de la Tierra a una velocidad de 66 km/s, es decir, que en sólo 13 segundos cruzarían de arriba a abajo la Península Ibérica.

Las perseidas pueden verse desde el 18 de julio hasta el 25 de agosto pero sólo en torno al máximo es posible disfrutar de un buen espectáculo. La cita con las Lágrimas de San Lorenzo es este año la madrugada del lunes 13 de agosto, hacia las 3 de la mañana exactamente.

Eclipse de Luna

El próximo 27 de julio hay un eclipse total de Luna, el primero desde septiembre de 2015. El eclipse comenzará a las 20:24 hora local con la Luna aún muy baja en el horizonte. Justo cuando salga la Luna en la mayor parte del país comenzará la totalidad (21:30 h.l.). Será un espectáculo fascinante porque a la profundidad del eclipse deberá añadirse la refracción atmosférica causada por la baja o muy baja altura de la Luna. Desde su orto la Luna eclipsada irá tomando altura y la totalidad se prolongará hasta las 23:13; desde ese momento la Luna comenzará a recobrar su luz y volverá a estar completamente iluminada a partir de las 0:20 de la noche.

No debemos perdernos este fenómeno. La Luna va a salir por el horizonte con tonos rojizos oscuros. En Granada y con el marco bellísimo de la Sierra al este va a ser una visión única. Es recomendable alejarse de la ciudad y disfrutar de esta belleza alejado de las ciudades y con el horizonte libre de obstáculos.

Epílogo

El cielo es una parte más que sustanciosa del mundo. En su insensata vanidad el ser humano cree haber dominado a la Tierra, no hay más que ver cómo transforma el medio en el que vive y de el que vive. Y a lomos de este mundo sueña con ir más allá y conquistar algún día el espacio y las galaxias lejanas. Por qué no, quizás sea ese el destino de la Humanidad, el deseo incomprensible de la perpetuación de la vida que nos anima… Sea como sea, el cielo se abre ante nosotros como señal de que el misterio sigue vigente y de que nadie sabe ni de dónde venimos ni a dónde vamos.

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Circunstancias del eclipse del próximo 27 de julio. En la parte superior se muestra en qué medida la Luna se interna en la sombra terrestre (la penumbra en azul y la sombra en róseo) y las horas en los que se producen los diferentes contactos. El mapa de la parte inferior nos muestra los lugares de la Tierra en los que el eclipse es visible (África, casi toda Eurasia y Australia). Será de día en América y el Pacífico cuando el eclipse se esté produciendo. Fuente: oan.es/servidorEfem/index.php

Enlaces de interés

astronomia.ign.es

astrosur.org

efemeridesastronomicas.dyndns.org

https://eclipse.gsfc.nasa.gov/eclipse.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Telescopio_espacial_Hubbl

https://rastreadoresdecometas.wordpress.com/

https://theskylive.com

www.oan.es/servidorEfem

¡ Felices cielos !

Juan Carlos Muñoz,
Quéntar, 18 de junio de 2018

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